VEREDAS DE BUENOS AIRES
Letra de Julio Cortazar
Musica de Edgardo Cantón
De pibes la llamamos "la vedera"
y a
ella le gustó que la quisiéramos.
En su torno sufrido dibujamos tantas
rayuelas.
Después, ya mis compadres, taconeando
dimos vuelta manzana con
la barra
silbando fuerte para que la rubia del almacén
saliera con sus
lindas trenzas a la ventana.
A mi me tocó un día irme muy lejos
pero no
me olvidé de las vederas
pero no me olvidé de las vederas.
Aquí o allá
las siento en los tamangos
como la fiel caricia de mi tierra.
¡Cuanto
andaré por ahí hasta que pueda volver a verlas?
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Las
veredas de Buenos Aires no son solo baldosas... forman parte de
misteriosos y agradables lugares.
“Caminamos
por las calles de Buenos Aires, indiferentes, sonámbulos, desvanecidos.
Conocemos nuestra trayectoria de memoria, y por el color del aire, por el
humo de la esquina, sabemos al instante donde estamos. Esto ocurre sobre
todo cuando vamos en el colectivo, basta el dibujo de las baldosas, un buzón,
un aviso, un arbolito, para sospechar por donde vamos[...]”
Baldomero
Fernández Moreno
Guía
caprichosa de Buenos Aires
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La invasión
silenciosa
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires ha identificado 85
tipos de obstáculos -en su mayoría ilegales- que suelen emplazarse en la
vía pública. Entre los más significativos cabe consignar:
puestos y
cabinas de teléfonos;
carteleras de publicidad fijas ubicadas en paralelo
con el cordón de la vereda;
máquinas de tickets de los parquímetros;
refugios de paradas de colectivos con publicidad luminosa;
maceteros de
confiterías y bares;
mesas de venta de cospeles;
postes del sistema de
televisión por cable;
bancos tipo plaza de heladerías;
cerramientos plásticos
de establecimientos gastronómicos;
astas y banderolas promocionales de
cadenas farmacéuticas y concesionarias de automotores;
equipos de audio
de disquerías;
mostradores para degustar productos instalados en la
puerta de los comercios;
exhibición callejera de muebles y artículos
para el hogar;
bolsones de tierra acumulados tras la rotura de aceras por
parte de las empresas de servicios;
acondicionadores de aire salientes de
la línea de edificación a baja altura;
balanzas y cajones de fruterías
y verdulerías;
buzones o cajas de servicios postales privados;
caños de
farola con maceteros;
carteles publicitarios clavados sobre postes,
columnas o árboles;
máquinas expendedoras de gaseosas.
También integran la extensa nómina otros estorbos que, por fuerza de la
costumbre, son considerados naturales por los vecinos de la ciudad, tales
como:
basureros y papeleros sujetos a columnas y postes;
caños de
estructuras tubulares para andamios de construcciones;
casamatas elevadas
de protección de respiradores de cámaras de servicios públicos;
empalizadas de obras;
columnas de señalización de paradas de colectivos y taxis y
columnas de semáforos.
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