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Baile y
color en la ciudad
Fiesta del
candombe en Monserrat
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LA
LLAMABAN CARBON (CANDOMBE)
Letra de A. Fontan
Musica de F. MONSERRAT
Musica de Donato Racciatti
Intérpretes: Donato Racciatti
"Pa' que bailen los muchachos"
Cassette polydor 3174159
Canta: Carlos Javier
Hablado
Arriba los tamboriles,
evocando la fiesta de los morenos,
en aquel viejo buenos aires,
de San Telmo y Monserrat,
en Montevideo, barrio Palermo y "La Unión",
y allá en Corrientes,
el papá Juan con su fiesta de San Baltazar.
San Telmo tiene en su memoria,
por viejas calles del tambor,
y fué la reina del candombe,
y la llamaban la carbón,
y en aquel viejo Buenos Aires,
su pena de amor nació,
con pena de su amor primero,
con el baile dormilón.
Negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro era su color,
negro, su cantar de amor.
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MACUMBA CUMBA
(MARCHA)
Letra de Francisco Fernández Pello
Musica de Carlos Aiello
Musica de Juan Domingo Aiello
Intérprete: Alberto Castillo
Candombes y milongas.
Cidi Odeon-Emi 7-2434-99774-2-4
Marcha
Los tamboriles ya resuenan por san Telmo
y llega el eco mas allá de Monserrat,
hay un desfile de percales y de sedas
es que ha llegado nuevamente el carnaval.
Ya la calle es un despliegue de colores
lentejuelas y amuletos de coral,
y allá a lo lejos resuenan los tambores
llamando a todos al candombe Federal.
¡Macumba cumba! (Coro)
suena el parche mientras dura el carnaval,
¡macumba cumba! (Coro)
llega el eco mas allá de Monserrat,
¡macumba cumba! (Coro)
mil faroles nos darán luz y color,
hasta que el alba despertándose en el río
corren las sombras por el barrio del tambor,
los tamboriles ya resuenan por San Telmo
y llega el eco mas allá de Monserrat.
Es que ha llegado nuevamente el carnaval
ya la calle es un despliegue de colores,
lentejuelas y amuletos de coral
y allá a lo lejos resuenan los tambores,
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
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Asamblea
del Año XIII: Libertad
de vientres, 2.
"Bando publicado a virtud del decreto soberano de este día",
Gazeta Nº 44, 5 de febrero de 1813. El Supremo Poder Ejecutivo Provisorio
de las Provincias Unidas del Río de l a Plata a los que la presente
viesen, oyesen y entendiesen. Sabed: que la Asamblea Soberana general
constituyente se ha servido expedir el decreto del tenor siguiente:
"Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad el que en los
mismos pueblos, que con tanto tesón y esfuerzo caminan hacia su libertad,
permanezca por más tiempo en la esclavitud los niños que nacen en todo
el territorio de las Provincas Unidas del Río de la Plata sean
considerados y tenidos por libres, todos los que en dicho territorio
hubiesen nacido desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día
consagrado a la libertad por la feliz instalación de la Asamblea general,
bajo las reglas y disposiciones que al efecto decretará la Asamblea
general constituyente. Lo tendrá así entendido el Supremo Poder
Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, Febrero 2 de 1813,
Carlos de Alvear, Presidente, Hipólito Vieytes, Diputado y
Secretario". Por tanto para que este soberano decreto tenga su
puntual y debido cumplimiento, publíquese por bando en esta capital, imprímase
y comuníquese al gobernador intendente de esta Provincia para que lo haga
así mismo notorio en todos los puntos de su dependencia, dirigiéndose
igualmente a todos los gobiernos de la comprensión de este Supremo
Gobierno Ejecutivo, a los efectos que van prevenidos, Buenos Aires, 3 de
febrero de 1813. Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña. Por mandado
de S.E.D. José Ramón de Basavilbaso.
Fuente: Chiaramonte, J. C., Ciudades, provincias, Estados: Orígenes
de la Nación Argentina (1800-1846), Espasa Calpe- Ariel, Villa Ballester,
1997, pág 418/419.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo
- 1999 |
Barrio
del Tambor
Agrupados de
acuerdo con su origen o con los diversos matices de la raza en comunidades
como: Congo, Cabunda, Banguela, Minas, Angola, Rubolo, Mozambique, etc.,
gobernados por una corte compuesta de rey, reina y consejo directivo, los
negros se agrupaban en el barrio Monserrat. Los domingos y días feriados,
en medio de danzas ruidosas y fiestas de sabor primitivo, recuerdan a su
tierra natal. El barrio recibe varios nombres: "del Tambor", o
"del Candombe", por ser estos instrumentos los más característicos
y típicos de las celebraciones. Posteriormente se le denominaba
"barrio del mondongo", porque a un matadero de las inmediaciones
los más necesitados van a pedir gratuitamente los residuos: mondongo,
bofes, etc.
Fuente: Gibelli, Nicolás J. y Pérez Amuchastegui, A.J.; Crónica
Argentina Histórica (compilación), Tomo 1; Editorial Codex; Bs. As.;
1968; pág. 295 Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del
Certamen Revolución de Mayo - 1999 |
Buenos
Aires se enriquece
En los años que siguieron a 1810 no se registraron grandes cambios en la
población y en la estructura física de la ciudad de Buenos Aires ni en
su campaña. Sin embargo, hubo transformaciones profundas en todos los
planos pues la revolución significó un corte abrupto en el proceso político
además de una ruptura en lo comercial y económico, el pensamiento, las
creencias y las costumbres. También pudo registrarse ciento
enriquecimiento, perceptible en las clases altas y en los sectores
vinculados con un creciente tráfico de mercaderías, en reemplazo del
antiguo monopolio sustentado por la autoridad colonial. La población. Una
circunstancia de la que, en cambio, quedó registro fue la disminución
del comercio esclavo. La trata terminó oficialmente en 1812; al año
siguiente se aprobó la ley de "libertad de vientres" y de
declaró que todo esclavo que pisara territorio del antiguo virreinato sería
automáticamente tenido por libre. Sin embargo, sucesivas reglamentaciones
fueron limitando estos nobles deseos. Una de ellas especificaba que los
esclavos que entraran al territorio con sus amos no se beneficiarían de
la disposición que los declaraba libres. Incluso el gobierno
revolucionario llegó a emitir licencias permitiendo importar esclavos
"para uso personal". El censo de 1822 muestra que la población
libre de color forma alrededor del 48% del total de los negros, lo que
demuestra que la mayoría de éstos todavía se encontraban en la
esclavitud. Entre 1810 y 1822 la cifra de negros y mulatos aumenta de casi
8.900 a cerca de 14.000, por ello significa una disminución de un cuarto
a dos séptimos de la población urbana; hay que recordar que entre 1813 y
1816 se crearon unidades militares de negros que serían libres al
terminar sus servicios, lo que -según José Luis Romero- sería una de
las causas del progresivo mestizaje. Curiosamente, la mortalidad infantil
es más alta entre los negros libres que entre los esclavos. Sea como
fuere, en la década posterior al movimiento de mayo, Buenos Aires continúa
dependiendo en gran medida de la fuerza de trabajo de la fuente de color,
tanto esclava como libre. Ventas callejeras, oficios como los de
aguateros, changador, panadero, fabricantes o más bien artesanos de
muebles, zapatería y herrería y sobre todo las labores domésticas, son
las principales ocupaciones de este sector.
Fuente: Luna, Félix Historia Integral de la Argentina, Tomo 4: La
Independencia y sus Conflictos. Buenos Aires, Editorial Planeta; Buenos
Aires 1996; pág. 283/284.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo -
1999 |
El
Río de la Plata al comenzar el siglo XIX
Mayor
importancia numérica tuvo sin duda la introducción de esclavos. Esta era
la solución habitual en las últimas etapas coloniales para el problema
planteado por la escasez de mano de obra; es usual señalar qué razones
impidieron, en el río de la Plata, que la gravitación del régimen
esclavista alcanzase la intensidad que tuvo en las colonias de
plantaciones: faltaban aquí precisamente las plantaciones, y la
esclavitud fue un fenómeno más urbano que rural, por otra parte, el tipo
de actividades a las que en las ciudades se orientaban los esclavos hacía
menos interesante para sus amos el mantenimiento de la institución misma;
eso explica sin duda la abundancia de emancipaciones. Estas observaciones
- en su mayor parte válidas - no deben, sin embargo, hacer olvidar la
importancia que tuvo la entrada de esclavos negros como medio para obtener
la mano de obra que la escasa población local no podía proporcionar. En
este sentido el Río de la Plata estaba todavía favorecido por constituir
el punto de entrada de esclavos para el todo el sur de las Indias españolas;
la oferta de negros fue aquí abundante desde comienzos del siglo XVIII. Y
en efecto la proporción de la población de color se eleva en Buenos
Aires a lo largo de la centuria desde el 16.5% en 1774, hasta el 25% en
1778 y el 30% en 1807. En la campaña la parte de población negra es más
escasa, hecho que se constituye en una prueba adicional de la concentración
de la riqueza mueble en actividades urbanas, porque no hay duda de que
-contra lo que quiere frecuentemente suponerse- allí donde se la usó la
mano de obra esclava resultó rendidora para los trabajos rurales (sobre
todo para los agrícolas). En todo caso la entrada de esclavos para el
Litoral en expansión del siglo XVIII no alcanzó a dar éste una proporción
de población negra comparable a la de ciertas zonas del Interior, donde
el período de entrada de esclavos había sido la centuria anterior: en
Tucumán, en 1706, la población negra cubre un 44% del total. Pero en el
Interior una alta proporción de los pobladores de color se encuentran
emancipados; en Tucuman hay cuatro negros libres por cada esclavo, en
Corrientes la proporción es análoga. En Buenos Aires, en cambio, hay en
1810 un negro libre por cada diez esclavos.
Fuente: Halperín, Donghi, Tulio, Revolución y Guerra. Formación de
una elite dirigente en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires,
1972; pág. 74/75. Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen
Revolución de Mayo - 1999 |
En
pro del Negro
Para evitar
que los amos burlen la ley del 2 de febrero, bajo severas penas ordena a
los propietarios de esclavos, a los párrocos y demás autoridades locales
que den cuenta al gobierno del nacimiento de hijos de esclavos, para que
las criaturas sean debidamente registradas. El niño quedará con su madre
hasta los dos años de edad; el amo lo tomará a su cuidad desde entonces,
y tendrá el deber de guiarlo y educarlo convenientemente, pudiendo
valerse gratuitamente de sus servicios hasta los quince años. Después de
esa edad, y hasta los veinte, deberá pagarle un salario que depositará
para formarle un capital
Fuente: Gibelli, Nicolás J., Pérez Amuchástegui, A.J.; Crónica
Argentina Histórica Tomo 2; Editorial Codees S.A.; Buenos Aires; 1968; páginas
40/41 Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen
Revolución de Mayo - 1999 |
Encuentros
En los festejos públicos había otras diversiones populares: las danzas
en que niñas y niños bailaban siguiendo las carrozas hasta la plaza
central en donde los esperaba un tablado construido para la festividad.
Sobre el tablado bailaban, marchaban y formaban con cintas una gran
variedad de figuras. El fandango (prohibido por un edicto del obispo Juan
José Peralta el 30 de julio de 1743 bajo pena de excomunión mayor) y el
candombe eran bailes propios de la comunidad afroargentina. Pero las más
provocativas eran las ceremonias de la danza del santo, un culto hierático
y esotérico donde confluían lo mágico y lo religioso: ruegos,
tamboriles, contorsiones y rezos en la compleja organografía de origen
africano. Para el Carnaval, tan pronto como sonaba en el Fuerte la
descarga de cañón, a las doce - señal del comienzo de estas
celebraciones -, se desataba la euforia de los ineludibles y omnipresentes
tambores y tamboriles, las marimbas y el espasmódico crepitar de las
mazacayas. (1) Los afroargentinos abandonaban entonces los barrios del
Tambor y del Mondongo, la Plaza de la Fidelidad y Santa Lucía, Monserrat
y la Concepción. Desde el sur, por el camino del Mercado, enfilaban hacia
la calle Buen Orden - hoy Bernardo de Irigoyen -, rumbo a la Plaza Mayor.
Para la gente decente, las diversiones de los negros bozales eran las más
bárbaras y groseras. Su canto era considerado un aúllo. Basta ver los
instrumentos de su música, para inferir lo desagradable de su sonido,
relata Concolocorvo: "la quijada de un asno, bien descarnada, con su
dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan
con un hueso de carnero, asta u otro palo duro, con que hacen unos altos y
tiples tan fastidiosos y desagradables que provocan a taparse los oídos o
a correr a los burros, que son los animales mas estólidos y menos
espantadizos". (2) En lugar del tamborilillo de los indios, los
afroargentinos usaban un tronco hueco, en cuyos extremos le ceñían un
pellejo tosco. Se lo cargaba tendido sobre la cabeza, mientras otro músico
por detrás con dos palitos en la mano, en figura de zancos, iba golpeando
el cuero con sus puntas. Sus danzas siempre llamaron la atención de
aquellos eternos custodios de la moral y las buenas costumbres. Según éstos,
"se reducía a menear la barriga y las caderas con mucha
deshonestidad, lo que acompañan con gestos ridículos, que traen a la
imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en sus sábados y
finalizan en borracheras" (1) Las descripciones más coloridas y
apasionadas de estos festejos se pueden leer en Ortiz Oderigo, Néstor.
Aspectos de la Cultura Africana en el Río de La Plata. Plus Ultra, Buenos
Aires, 1974. (2) Concolorcorvo. El Lazarillo de ciegos caminantes desde
Buenos Aires hasta Lima. Desclée de Brouwer, París, 1938.
Fuente: Cicerchia, Ricardo, Historia de la vida privada en la
Argentina, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1998, pág. 106 a 109.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Esclavos
y Libres ¿Por qué?
"Empleando
esclavos se bajaban los altos costos laborales provocados por el empleo de
trabajo asalariado; se contaba con mano de obra más confiable, menos
inestable y además en poco tiempo, aseguraba don Florencio, se recuperaba
la inversión inicial. He aquí las razones de los contemporáneos para
utilizar mano de obra forzada, para preferirla a la fuerza de trabajo
libre. Es como si para ellos peones y esclavos fueran, al contrario de lo
que sostiene Amaral, sustitutivos más que complementarios. Pero aún hay
que explicar por qué, a pesar de ello, los estancieros empleaban ambos
tipos de mano de obra. Como bien apunta Gelman, muchos estancieros carecían
de capital líquido para comprar esclavos, de manera que estaban
condenados a emplear asalariados. Pro aún los que contaban con él o tenían
acceso al crédito empleaban algunos asalariados. ¿Por qué lo hacían?.
Lo hacían básicamente para cubrir la demanda sobrante de mano de obra
derivada no sólo de las actividades temporarias más o menos estacionales
sino también de las permanentes. Los esclavos, en las estancias ricas y
por lo tanto bien equipadas de ellos, constituían el núcleo de
trabajadores destinados a cubrir la demanda básica tanto estacional como
permanente.. La que por la fluctuación de la producción y otras
contingencias excedieran ese piso o techo, se cubría con trabajadores
libres. Sólo así nos explicamos los términos en que los deudos de don
José Antonio de Otarola objetan al administrador de la que fue su gran
estancia de Areco la contratación de conchabados. Resultaba para ellos
evidente que eran " para los escasos ganados y demás hacienda de la
masa común, bastantes los esclavos...", por lo cual "no había
necesidad para ello de conchabar peones todo el año"
Fuente: Mayo, Carlos A; Estancia y Sociedad en la Pampa 1740 -1820;
Biblos; Buenos Aires, 1995; pág. 138/139.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo
- 1999 |
Jornadas
de Trabajo
La delimitación de las jornadas de trabajo sirve para calmar las eternas
preocupaciones oficiales acerca del vagabundeo, la holgazanería y otros
vicios propios " del común". Una famosa Cédula Real de 1789
que impone horarios minuciosos para los jornaleros y los esclavos, revela
el estado de ánimo de la Corona: Se han de levantar a las cuatro de la mañana
para beber mate y entrar inmediatamente al trabajo; a la hora y media que
estén en él, se le dará otro mate; media hora después, almuerzo; a la
hora de éste otro mate; y de ahí en adelante, hasta que salgan del
trabajo, toda el agua fría que quisiesen. A las once y media se retirarán
a la casa, donde descansarán media hora, y a las doce se le dará de
comer para que duerman la siesta hasta las dos, en que se les despertará
dándoles mate, y volverán sin demora otra vez a la faena. Allí, con
igual distribución de tiempo se les servirán otros dos mates, y después
toda el agua fría hasta que del todo dejen el trabajo, que será una hora
después de entrado el sol; de modo que en todo el discurso del día se
les darán seis mates, con los dos que en las casas tomarán, mañana y
tarde antes de ir al sembrado.(1) 1. Real Cédula del 31 de mayo de 1789,
fijando normas para el trabajo, alimento, educación y límites de la
tarea diaria de jornaleros y esclavos. Alvarez, Juan. Historia de Rosario
(1689 (1939) Imprenta López, Buenos Aires, 1943; pp. 128-129.
Fuente: Cicerchia, Ricardo, Historia de la vida privada en la
Argentina, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1998, pág. 199/200.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo
- 1999 |
La
"Tierra prometida":
crecimiento económico y movilidad social Es decir que de esta manera se
va a producir una diferenciación interna entre los esclavos de la
estancia, y algunos de ellos, sobre todos los capataces que tenían mayor
posibilidad de negociación, van a poder desarrollar una serie de
actividades independientes y en algunos casos casarse con mujeres libres,
lo cual les podían permitir un cierto nivel de acumulación, al final del
cual podrán intentar comprar también su libertad.
Fuente: Gelman, Jorge; Campesinos y estancieros. Una región del Río
de la Plata a fines de la época colonial; Editorial Los libros del riel;
Buenos Aires; Marzo de 1998; página 299
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
La
Gente
Los negros trajeron su natural bondad, su alegría, sus ritmos innatos e
inextinguibles, sus lenguajes, sus tradiciones, su nostalgia, sus
ancestrales supersticiones. Generalmente fueron bien tratados. En esta
parte de América no había explotaciones intensivas como las fazendas
brasileñas o las plantations de las colonias inglesas y antillanas. No
pocos obtuvieron su libertad, comprándosela a sus amos y, al mejorar su
status, se fueron blanqueando, mezclándose con criollos pobres y con
mestizos. La Asamblea de 1813 decretó la libertad de todos los que
nacieran de padres esclavos y prohibió el comercio negrero. Las guerras
de la Independencia brindaron a muchos la oportunidad de convertirse en
libertos sirviendo en los ejércitos patrios, y algunos hicieron
brillantes carreras militares.
Fuente: Luna, Felix, Confluencias, Editorial Sudamericana, Bs. As.,
1991, pág. 40
Seleccionado por el equipo Patricio Perteneciente a Don Alonso de
Quesada del Certamen Revolución de Mayo - 1999 |
Las
consecuencias económicas de la revolución
Junto a las contribuciones en dinero, están las de recursos, entre ellas
las de esclavos. De nuevo aquí la desigualdad es la regla: las
corporaciones, las iglesias y conventos, ceden rápidamente sus esclavos
para la guerra; los particulares se defienden mejor (todavía en 1816 el
Director Pueyrredón fracasó en un intento de incorporar al ejército a
todos los esclavos: la resistencia que encontró fue demasiado fuerte; aun
San Martín, en Cuyo, debió dejar abierta- como ya se ha visto- la
alternativa del ofrecimiento de personeros). La contribución en esclavos
es a la vez urbana y rural: sin duda predomina todavía en ella la parte
de los propietarios de la ciudad. Casi totalmente rural es en cambio la
contribución en ganados, caballerías y alimentos. Ésta es de nuevo muy
irregular, y - al revés de las anteriores- es sólo en pequeña proporción
responsabilidad directa del gobierno central. Se la practica más
intensamente que en las áreas colocadas bajo la directa obediencia de éste,
en las disidentes (es el caso del Litoral artiguista) y en las que, como
Salta, gozan de derecho de gran autonomía frente a Buenos Aires. Las
razones son muy evidentes: aquí el dinero escasea aun más que en Buenos
Aires, y la movilización es más amplia, con lo que el consumo de ganados
aumenta.
Fuente: Halperín Donghi, Tulio, Argentina de la revolución, de la
independencia a la confederación Rosista, Editorial Paidos, Barcelona,
1985, Pág. 146.
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Los
esclavos de la ciudad.
Buenos Aires tuvo un lugar destacado en el tráfico de esclavos, el cual
adquirió una enorme importancia durante el siglo XVIII y especialmente en
los años finales de la centuria, favorecido por el crecimiento económico
y el apoyo de la Corona. La trata negrera fue así uno de los rubros más
rentables del comercio colonial, tanto que algunos comerciantes de la
colonia se lanzaron a realizarlo por su propia cuenta y de un modo activo
con las costas de Brasil y del Africa; modificaron de este modo la antigua
práctica de limitarse a la importación de esclavos para su posterior
redistribución por el espacio rioplatense y peruano. No todos los
esclavos fueron destinados a este circuito interregional de comercio, y
una porción significativa y creciente de ellos quedó en la jurisdicción
hasta el punto de que, a fines de siglo, cerca de un tercio de la población
de la ciudad era de origen afroamericano. Los africanos (como genéricamente
se los llamaba, borrando de ese modo la diversidad de las culturas de
origen), provenían de distintas regiones del Africa y pertenecían a
etnias diferentes; a ellos se agregaban los que procedían de Brasil y los
nacidos en estas tierras. Esta población -constituida por esclavos,
libertos y mulatos- definía en buena medida el perfil de una sociedad
urbana que era extremadamente dependiente de la utilización de esta
fuerza de trabajo para un sinnúmero de actividades. Eran los integrantes
principales de la mano de obra empleada en los oficios artesanales, en
todo tipo de trabajos y en el servicio doméstico. En cierta medida, la
posición social de una familia destacada en la capital podía medirse en
base a la cantidad de esclavos de que disponía en su casa. Este sector de
la población recreó en estas tierras pautas culturales y formas de ayuda
mutua que, como las Hermandades, permitieron adaptar patrones vigentes en
la vida colonial e insuflarle sus propios componentes. Fuente:
Garavaglia, J. C., Fradkin, R., Hombres y Mujeres de la Colonia, Editorial
Sudamericana, Bs. As., 1993, pág. 144/145.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo
- 1999 |
Los
esclavos de Buenos Aires vistos por un inglés
"Entre
los más amables rasgos del carácter criollo no hay ninguno más
conspicuo y ninguno que más altamente diga de su no fingida benevolencia,
que su conducta con los esclavos. Con frecuencia testigo del duro
tratamiento de aquellos prójimos en las indias Occidentales, de la
indiferencia total a su instrucción religiosa allí prevalente, me
sorprendió instantáneamente el contraste entre nuestros plantadores y
los de América del Sur. Estos infelices desterrados de su país, así que
son comprados en Buenos Aires, el primer cuidado del amo es instruir a su
esclavo en el lenguaje nativo del lugar, y lo mismo en los principios
generales y el credo de su fe. Este ramo se recomienda a un sacerdote, que
informa cuando su discípulo ha adquirido conocimiento suficiente del
catecismo y de los deberes sacramentales para tomar sobre sí los votos
del bautismo. Aunque este proceso en lo mejor debe ser superficial, sin
embargo tiene tendencia a inspirar un sentimiento dependencia del Ser
Supremo, obligan a una conducta seria, tranquiliza el temperamento y
reconcilia a los que sufren con su suerte. Hasta que se neutralizan de
este modo, los negros africanos y sus hermanos nacidos en América son
estigmatizados por el vulgo como infieles y bárbaros. Los amos, en cuanto
pude observar, eran igualmente atentos a su moral doméstica. Todas las mañanas,
antes que el ama fuese a misa, congregaba a las negras sobre el suelo, jóvenes
y viejas dándoles trabajo de aguja o tejido, de acuerdo con sus
capacidades. Todos parecían joviales y no dudo que la represión también
penetraba en su circulo. Antes y después de la comida, así como en la
cena, uno de estos últimos se presentaba para pedir la bendición y dar
las gracias, lo que se les enseñaba a considerar como deberes prominentes
y siempre los cumplían con solemnidad."
Fuente: Gibelli, N., Perez, Amuchástegui, A. J, Crónica
Argentina, Editorial Codex, Bs. As., 1972, Tomo 1, Pág 20.
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Los
negros
Los negros podían
ser esclavos o libertos, bozales o criollos. Los esclavos se marcaban con
hierro candente en la frente o en las espaldas (el instrumento tenía el
nombre africano de carimba), práctica que se abolió por real orden del 4
de noviembre de 1784. Los esclavos podían adquirir la libertad por merced
de sus amos (carta de libertad) o porque la comprasen ellos mismos
(rescate) por una cantidad equivalente a su precio. Tanto los libres como
los esclavos estaban sujetos a una serie de medidas restrictivas: no podían
andar de noche por ciudades, villas o lugares, llevar armas y tener indios
o indias de servicio; sus mujeres no podían llevar oro, seda, mantos y
perlas (las negras y mulatas horras casadas con españoles podían llevar
unos zarcillos de oro con perlas y una gargantilla, y en la saya un ribete
de terciopelo). Aunque no podían llevar armas (tampoco los mulatos y
zambos), la necesidad hizo que se les incorporara a la milicia. El
gobierno recurría a los negros y mulatos en momentos de peligro y
finalmente llegó a formar compañías, batallones y regimientos de negros
y mulatos, a los que se llamaba eufemísticamente morenos y pardos, con
oficialidad blanca. Y eso les daba algunas franquicias y preeminencias. Ya
hemos visto que ese les asignaba una posición inferior en los gremios, y
que los maestros zapateros pardos y morenos de Buenos Aires solicitaron,
en 1794, permiso para establecer gremio propio, "pues en el formado
por los españoles e indios con cofradía y estatutos, y aprobado por el
virrey, se excluye de los empleos del gremio, voz activa y pasiva, a los
de color pardo". El rey les concedió lo que solicitaban. Los españoles
podían casarse con negras, mulatas, etc., pero la real pragmática de los
matrimonios, del 7 de abril de 1778, puso tramos visto que se prohibía a
los indios "todo trato y comunicación con mulatos, negros y demás
castas semejantes". La real Cédula del 31 de mayo de 1789, dada en
Aranjuez por Carlos IV, constituye un verdadero código sobre el trato que
debía darse a los negros: los amos debían instruir a los esclavos en la
religión católica y en las verdades necesarias para que fueran bautizado
en el término del primer año de residencia en las colonias (se les debían
explicar las doctrinas los días de precepto, hacerles oír misa y costear
un sacerdote que les instruyera y les administrara los sacramentos; los días
de trabajo, después de cumplida la labor, debían además alimentarlos y
vestirlos adecuadamente, y también a sus hijos (las niñas menores de 12
años y los varones menores de 14), aunque éstos fueran libres. Debían
concederles descanso los días de fiesta de precepto. Se les debía
reservar principalmente el trabajo del campo y no las labores sedentarias,
y el trabajo debía ser proporcionado a la fuerza y edad de cada uno. El
trabajo era obligatorio de los 17 a los 60 años, y la jornada de sol a
sol. Las mujeres debían tener labores adecuadas, separadas de los
hombres, y no podían ser jornaleras. Se reglamentaban sus diversiones y
se prohibía que se reunieran los de haciendas diferentes. Debía
proporcionárceles habitación y cama, asistencia en caso de enfermedad,
los gastos de difusión y mantenimiento en caso de invalidez. Tenían el
derecho de libre elección matrimonial (el dueño del marido debía
comprar a la mujer, o el dueño de la mujer al marido). Las sanciones
contra amos o mayordomos de haciendas eran muy severas. Los amos y
mayordomos podían imponer penas corporales a los esclavos podían imponer
sin contusión grave ni efusión de sangre; las penas mayores (muerte o
mutilación) sólo podía decidirlas la audiencia. Se debía llevar u padrón
de los esclavos; no podían ausentarse sin permiso y había que dar cuenta
de su defunción. Una serie de tribunales y funcionarios estaban
encargados de la salvaguarda de estas disposiciones, que tendían a
humanizar el trabajo de los esclavos. Los negros era hábiles zapateros,
sastres, barberos, changadores o mozos de cuerda, carpinteros, y hasta
pulperos y tenderos. Estaban incorporados desde el primer momento al
servicio doméstico en las ciudades y en la campaña, tenían en las
chacras y estancias el cuidado de mulas y caballos y trabajaban como
peones en el cultivo de la tierra. En 1642 el cabildo de Buenos Aires
prohibió que las pulperías de la ciudad fuesen atendidas por negros. El
cabildo los utilizaba como pregoneros y en trabajos públicos. Por su
parte, las mujeres eran criadas, lavanderas, nodrizas, amas de leche y
fabricaban jabón. En el siglo XVII, las negras esclavas que vendían pan
en la Plaza Mayor se llamaba gateras (es término que designa, en toda el
área incaica, a la mujer que vende e el mercado, del quechua katu,
mercado). El gran campo de actividad de los esclavos fuero los oficios.
Hacia 1730 el P. Cattáneo, de la compañía de Jesús, decía que eran
excelentes maestros albañiles. Fueron, además, cantores, músicos y
hasta actores, acróbatas y toreros. A fines del siglo XVIII el Cabildo de
Buenos Aires era enemigo de excluir a los negros de los gremios, porque
-dice- "hay muchas viudas y familias que se sustentan con el jornal
de sus esclavos". Los libertos debían pagar tributo y vivir con amo
conocido. Jurídica y socialmente, la posición del negro era inferior a
la del indio. Económicamente fue sin duda superior. Era más asimilable,
más acomodaticio, menos rebelde. Tenía sus propias cofradías, que le
auxiliaban en caso de necesidad y le organizaban fiestas y diversiones.
Los negros no constituyeron una masa pasiva de la historia americana. Hoy
se empieza a estudiar su rica aportación a la vida americana, a la que
comunicaron sus costumbres, su alegría, su vitalidad. Su música y su
sentido del ritmo.
Fuente: Rosenblat, Ángel; Historia Argentina tomo IV; "Las
castas en la vida de las gobernaciones del virreinato"; Plaza &
Janés S.A. Editores Argentina Bs.As. ; Barcelona, Bogotá; 1981, 2 edición,
páginas 1832,1833 y 1834.
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Los
negros
La Real Cédula del 31 de mayo de 1789, dada en Aranjuez por Carlos IV,
constituye un verdadero código sobre el trato que debía darse a los
negros: Los amos debían instruir a los esclavos en la religión católica
y en la verdades necesarias para que fueran bautizados en el término del
primer año de residencia en las colonias (se les debían explicar las
doctrinas los días de precepto, hacerles oír misa y costear un sacerdote
que les instruyera y les administrara los sacramentos; los días de
trabajo, después de cumplida la labor, debían rezar el rosario en
presencia del mayordomo o del amo). Debían además alimentarlos y
vestirlos adecuadamente, y también a sus hijos (las niñas menores de 12
años y los varones menores de 14), aunque éstos fueran libres. Debían
concederles descanso los días de fiesta de precepto. Se les debía
reservar principalmente el trabajo del campo y no las labores sedentarias,
y el trabajo debía ser proporcionado a la fuerza y edad de cada uno. El
trabajo era obligatorio de los 17 a los 60 años, y la jornada de sol a
sol. Las mujeres debían tener labores adecuadas, separadas diversiones y
se prohibían que se reunieran los de haciendas diferentes. Debía
proporcionárseles habitación y cama, asistencia en caso de enfermedad,
los gastos de defunción y mantenimiento en caso de invalidez. Tenían el
derecho de libre elección matrimonial (el dueño del marido debía
comprar a la mujer, o el dueño de la mujer al marido). Las sanciones
contra amos o mayordomos de haciendas eran muy severas. Los amos y
mayordomos podían imponer penas corporales a los esclavos, sin contusión
grave ni efusión de sangre; las penas mayores (muerte o mutilación) sólo
podía decidirlas la Audiencia. Se debía llevar un padrón de los
esclavos; no podían ausentarse sin permiso y había que dar cuenta de su
defunción. Una serie de tribunales y funcionarios estaban encargados de
la salvaguarda de estas disposiciones, que tendían a humanizar el trato
de los esclavos. Diversos testimonios - entre ellos el del capitán inglés
Gillespie- señalan el buen trato que se les daba en el Río de la Plata.
Fuente: Rosenblat, Ángel; Historia Argentina tomo IV; "Las
castas en la vida de las gobernaciones del virreinato"; Plaza &
Janés S.A. Editores Argentina Bs.As. ; Barcelona, Bogotá; 1981; páginas
1832/1833
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Los
Negros Esclavos
Muchas veces nos han contado que las familias adineradas tenían esclavos
como servicio doméstico. Era común que en los caserones coloniales
revolotearan unos doce negros, ocupado cada uno en sus quehaceres. Pero
los esclavos no se compraban sólo para servir, sino también para obtener
ganancias con su trabajo. Muchas familias vivían del trabajo de sus
esclavos, ya que éstos eran hábiles artesanos. En los amplios patios de
las casas hacían escobas, velas, dulces, etcétera, que luego vendían
por las calles. También eran cocineros, mucamos, albañiles,
blanqueadores, cavaban pozos, hacían changas. Las negras lavaban,
planchaban, eran amas de leche. Cuando el negro o el indio llevaba más de
un año de esclavitud y ya había aprendido el español, lo llamaban
ladino; en cambio era un "bozal" hasta que aprendía ese idioma.
Fuente: Compilación de textos Mi país, tu país, la vida
cotidiana; Centro Editor de América Latina; Buenos Aires; 1970; pág. 19.
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Más
sobre los esclavos...
Los negros forman el mayor número y la América está llena de ellos, no
porque haya alguna nación de negros, sino porque son traídos
continuamente de África por los ingleses, donde los compran a millares
como ganado por bagatelas, o bien a sus padres que conducen al mercado
tropas enteras de sus hijos, o bien a sus enemigos... y vienen a venderlos
en todos los puertos de América a cien y doscientos pesos por cabeza.
Fuente: Meroni, Graciela, La Historia en mis Documentos, Editorial
Crea, Buenos Aires 1979, Pág. 70.
Seleccionado por el equipo Patricio Perteneciente a Don Alonso de
Quesada del Certamen Revolución de Mayo - 1999 |
Mercado
de Buenos Aires
Tanto la caza de negros en el territorio africano como el transporte hasta
América se realizaban en condiciones más que inhumanas. * Hasta la
prohibición del 26 de febrero de 1784, los negros eran medidos, palmeados
y luego marcados con hierros denominados "piezas de carimbar".
Durante la colonización española Buenos Aires fue uno de los puertos
principales para la introducción de esclavos negros, hasta que por
algunas modificaciones en el régimen de la trata se estableció que
Montevideo fuera puerto de desembarco. Las piezas vendidas no siempre
quedaban en Buenos Aires, sino que eran conducidas al interior, a la Banda
Oriental, Chile, Perú o Potosí. En los tiempos en que la trata era
ejercida por la Compañía francesa, ésta adquirió un terreno ubicado al
pie de las barrancas, al sur de la ciudad (aproximadamente en el Parque
Lezama). Por su parte, la Compañía Inglesa tuvo galpones en el Retiro.
En el Libro de Acuerdos del Cabildo de Buenos Aires existen algunas citas
sobre problemas originados en la trata de negros; refiriéndose a los
corrales del Retiro: "Este establecimiento, dominando o superando la
ciudad, y que está situado por la parte del Norte que es el viento que
generalmente reina es sumamente. perjudicial a la salud pública que es lo
que más se debe cuidará porque. soliendo venir de los. negros medio
apestados, llenos de sarna y escorbuto y despidiendo de su cuerpo un fétido
y pestilencial olor pueden con su vecindad infeccionar la Ciudad" (Nº
47, f. 207 vta.). En 1802 un petitorio del Cabildo decía: "Y porque
para preservar a la ciudad de alguna infección o contagio, es no menos útil,
oportuno y conducente, que se renueven las órdenes antiguas, sobre que
los lotes o partidas de negros bozales se depositen y alojen en los
estramuros de la Ciudad, se pedirá que esto se mande en el bando a fin de
que los mercaderes introductores de negros los acomoden precisamente a fin
de la población por parte del Sur para que si hubieren que hacerlos bañar
lo practiquen en el río, por aquella parte, donde no hay que temor que
infesten con sus malos humores el agua por ser río abajo" (Nº 58,
f. 145). En el acuerdo del 27 de enero de 1803,"se leyó una
representación del Caballero síndico Procr. Gral., en q. haciendo
presente los desórdenes que se observan en la ciudad, de mantener en su
centro, los lotes de negros que arriban a este Puerto; de no darles
entierro a los que mueren, arrojándolos en los huecos que tiene la
ciudad, y arrastrándolos públicamente. por las calles, con escándalo
del vecindario, pide que se represente a S.E. pidiendo la publicación de
un bando, para que los introductores y dueños saquen inmediatamente de la
ciudad, á distancia lo menos de media legua, bajo responsabilidad de la pérdida
de los. esclavos, y otras penas o multas capaces de contener estos desórdenes
librándose providencias en punto a Religión, las que se consideren
oportunas" (Nº 58, f. 169). Diego Abad de Santillán consignó las
cifras de introducción de negros: entre 1606 y 1625 se comprobó la
introducción clandestina de 8.932 negros; en el período del gobernador
Diego de Góngora (1618-1623) fueron introducidos 5.553 esclavos en navíos
de arribada forzosa. Hasta 1680 los negros introducidos con licencia
sumaron 22.892. En el Censo de 1778 había en Buenos Aires 15.719 españoles;
1.288 mestizos e indios y 7.268 mulatos y negros. * Ver: "La raza
negra en el Río de la Plata", TODO ES HISTORIA, Suplemento Nº 7,
por Bernardo Kordon.
Fuente: Gonzalez Arzac, Alberto, Prolongación de la esclavitud en
la Argentina, Revista Todo es Historia, Ediciones TOR, Buenos Aires, 1970,
Nº 43, Suplemento Nº 32, pág. 6/7.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Población,
Familia y Matrimonios de Esclavos
La población
esclava rural bonaerense, como la de otras áreas de América latina,
estaba marcada por un hecho clave. El fuerte desequilibrio entre los
sexos. Los hombres predominaban claramente sobre las mujeres. Este hecho,
sumado a la ausencia de una estructura familiar sólida y difundida,
contribuyó a impedir el crecimiento vegetativo de la población esclava
en la campaña. Si la población aumentó fue por la incorporación
incesante de migrantes forzados traídos directamente de Africa por la
trata negrera. El 70.2% de los negros censados en 1815 habían nacido en
África. Predominaban los nacidos en Guinea, le seguían los mina, luego
los benguela y los procedentes de Angola ... sólo un puñado de esclavos
sobre 326 estaban integrados en familias y encabezados por padre y madre.
Claramente los años no alentaban la formación de familias entre su
servidumbre negra. La gran mayoría de los esclavos de los pagos ganaderos
de San Vicente y Magdalena era soltera, 93% y 79% respectivamente. Algo
similar comprobó el equipo de César García Belsunce para Chascomús y
San Isidro. Ello no implica que el matrimonio no jugara ningún papel en
la comunidad afrobonaerense esclava. Los esclavos querían casarse y,
cuando los amos accedían a ello, no lo hacían por razones humanitarias.
El matrimonio era otro formidable mecanismo de control social. Arraigaba
el esclavo en la estancia y alentaba su buen desempeño. Así tanto la
Iglesia como los estancieros laicos autorizaban el casamiento de sus
criados no sólo para tenerlos "sujetos" como decían los
betlemitas, sino como un incentivo a su productividad. Así un alto
empleado de la Hermandad de Caridad aconseja se dé licencia al esclavo
Domingo de Belén para contraer el matrimonio por su eficaz desempeño en
el puesto al que estaba asignado. La junta de la hermandad resolvió por
su parte" que se dé mujer a los negros buenos de la
estancia...". Los betlemitas casaron al negro Felisardo de una de sus
estancias no sólo para cumplir con un deber sacramental sino por la
necesidad que de los servicios de Felisardo tenía el establecimiento.
Nadie concilió con más consumada eficacia religión y negocios en
materia de matrimonios de esclavos que los jesuitas. Al visitar la
residencia de Montevideo el jesuita José Barreda aconsejaba así comprar
negras " para casar los otros que están solteros y con esta
diligencia puede ser se aquieten y cumplan mejor ellos con su obligación
y nosotros con la nuestra...". La elocuente ambigüedad de las
palabras de Barreda nos exime de todo comentario. Sin embargo, una vez más
los jesuitas constituían una excepción cuanto a la sex ratio como a la
organización familiar de sus esclavos. En su estancia de Areco, como en
la mayoría de sus haciendas, se guardaba un sorprendente equilibrio entre
los sexos, y la familia esclava era un rasgo generalizado. Así, de los
107 esclavos de aquélla, 52 eran varones y 55 mujeres. En cuanto a la
estructura familiar de la población esclava de la estancia jesuita, ésta
presentaba un claro contraste con lo que ocurría más allá de sus límites.
De manera que sólo el 28,97% de los esclavos de los jesuitas en Areco
escapaba al marco de la organización familiar. En síntesis, si bien
tanto el esclavo de la estancia colonial como el afectado a la producción
ganadera parecen haber gozado en todas partes de un ritmo de trabajo menos
intenso así como de una mayor autonomía que sus compañeros de la
plantación y también, quizá, de una dieta más nutritiva y rica en
proteínas, su acceso a la vida familiar se vio más trabado y limitado
que en otras regiones, como por ejemplo el sur de los Estados Unidos
anterior a la guerra civil. Desde otro punto de vista, y para concluir, la
esclavitud era perfectamente funcional con la ganadería pampeana.
Fuente: Mayo, Carlos A; Estancia y Sociedad en la Pampa 1740 -1820;
Biblos; Buenos Aires, 1995; pág. 147/150.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo
- 1999 |
Reglamento
para la educación para los libertos dado el 2 de febrero de 1813 1º
Para que no pueda cometerse el menor fraude en este particular, deberá
ordenarse a todos los párrocos que pasen mensualmente al Intendente de
Policía, o juez respectivo de este ramo, y en los lugares o pueblos de
campaña a las justicias ordinarias, una razón de los niños de castas,
que hayan bautizado. . 2º Las cabeza de familias, en cuya casa naciere
algún niño de esta clase, deberán en las ciudades pasar una noticia
circunstanciada dentro de tercero día, a lo más de su nacimiento, al
alcalde respectivo de su cuartel, quien deberá dar cuenta cada mea al
Intendente de Policía, o juez... 5º Cuando se hubiere de vender una
esclava que tenga un hijo liberto, deberá pasar con. él a poder del
nuevo amo, si el liberto no hubiese cumplido aún los dos años; pero
pasado este tiempo, será a voluntad del vendedor el quedarse con él, o
traspasarlo al comprador junto con la esclava. 7º Todos los niños de
castas, que nacen libres, deberán permanecer en casa de sus patronos
hasta la edad de veinte años... 8° Los libertos servirán gratis a sus
patronos hasta la edad de 15 años, y en los cinco restantes se les abonará
un peso cada mes por su servicio, siendo de cuenta de sus patronos la demás
asistencia... 10º Se creará una tesorería con el nombre de Tesorería
Filantrópica, y en ésta serán percibidos los salarios mensuales de
todos los libertos. 11° El destino, o profesión que hayan de tener los
libertos cumplidos los 20 años será del arbitrio o elección de ellos
mismos; cuidando el Intendente de Policía que no vaguen en perjuicio del
Estado. 12º Cumpliendo el liberto los 20 años de su edad, deberá desde
el mismo día ser emancipado de su patrono, y darse cuenta a 1a Policía.
13º A cada liberto varón que prefiriere la labranza, se le darán por el
Estado cuatro cuadras de terreno en propiedad.
Fuente: Meroni, Graciela. La historia en mis documentos 2. Desde la
Revolución de mayo hasta el triunfo federal de 1831. Editorial Crea.
Buenos Aires, septiembre de 1981. Pág. 62
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
Vida
cotidiana
En Buenos
Aires, como en el interior del virreinato, el trabajo doméstico estuvo a
cargo de esclavos. En la ciudad viven con sus amos en la misma casa,
ocupando el tercer patio, lejos de las habitaciones principales. Allí
crecen los muleques * en compañía de los hijos de sus amos. Las negras
acompañan a las amas a misa, cocinan, lavan la ropa, realizan costuras y
otros trabajos similares. En algunos casos, cuando la familia no dispone
de suficientes entradas, salen a vender pasteles y confituras para
solventar los gastos de sus dueños. Acompañan a los niños en sus
juegos, y los cuidan hasta los cinco o seis años. Dadas las escasas
condiciones de higiene, la falta de cuidados en el parto y abandono en que
los sumen sus amos, la mortalidad infantil era elevada. A partir del siglo
XVII, quienes disponen de cierto capital invierten con frecuencia dinero
en la adquisición de mano de obra esclava para alquilarla recibiendo de
esta manera una renta, que es mayor si el negro tiene algún oficio; de
allí el interés por enseñárselo. Los beneficios derivados de este
alquiler debieron ser sustanciales, porque a fines del siglo XVIII los
contratos de trabajo aumentan en forma importante. Comerciantes,
funcionarios y hacendados constituyen los principales propietarios de
esclavos entre la población civil y quienes se dedican con mayor
frecuencia a alquilar sus sirvientes. Por lo expuesto, resulta difícil
estipular, tomando por ejemplo las cifras del padrón de 1778, qué
porcentaje de esclavos se dedica a tareas domésticas o a trabajos fuera
de la casa de sus amos. El sistema debió extenderse en exceso pues
durante el transcurso de las dos últimas décadas del siglo XVIII,
informes oficiales, reales cédulas y comentarios periodísticos
determinan! la presencia de un movimiento de opinión que desea el
alejamiento de los esclavos y personas de color en general, de las
actividades artesanales, tareas a las que están dedicados muchos negros.
Sostienen que los españoles (criollos o peninsulares) no realizan
trabajos manuales debido a la infamia que constituye para el os el
contacto con las castas consideradas inferiores. "El deseo de
mantener en pie y sin trabajar - escriben en 1806- un pequeño capital, ha
sugerido la idea de emplearlo con preferencia en comprar esclavos y
destinarlos a los oficios, para que con su trabajo recuperen algo más que
el interés del fondo invertido en esta especulación; por semejante medio
se han colmado de estas gentes mercenarias todas las tiendas públicas, y
han retraído por consiguiente los justos deseos de los ciudadanos pobres
de aplicar a sus hijos a este género de industria". Ya hemos señalado
que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, aumenta el número de
pobladores marginados que sin ser negros, indígenas o mulatos no poseen
medios de subsistencia, ni están en condiciones de obtener cargos públicos.
Estos "blancos de orillas" constituyen un problema para las
autoridades y más aun dentro de un ámbito donde existe un fuerte
prejuicio frente a los trabajos manuales. Prejuicio que debemos sumar al
racial. "Los blancos prefieren la miseria y la holgazanería antes de
ir al trabajo al lado de negros y mulatos" escribe Manuel Belgrano en
una de sus memorias al Real Consulado. * Negro entre siete y diez años. *
Disponemos de escasos informes posteriores a 1810, y suponemos que el
porcentaje sería similar a los que se desprenden de las series estadísticas
posteriores. Entre 1813 y 1815, de 2003 nacimientos de niños cuyas madres
son esclavas, sobrevivirán al parto solo 1253 (37 % de muertes). Y dentro
del límite de las probabilidades, teniendo en cuenta la mencionada cifra,
podemos sostener que las muertes al año de vida alcanzarían a un 50 %.
Fuente: Rodriguez Molas, Ricardo, El negro en el Río de La Plata,
Historia Integral Argentina, Tomo I, Centro Editor de América Latina,
Buenos Aires, 1975, pág. 49-50.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución
de Mayo - 1999 |
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