CANDOMBE

LECTURAS INTERESANTES

Baile y color en la ciudad
Fiesta del candombe en Monserrat

LA LLAMABAN CARBON (CANDOMBE)
Letra de A. Fontan
Musica de F. MONSERRAT
Musica de Donato Racciatti

Intérpretes: Donato Racciatti
"Pa' que bailen los muchachos"
Cassette polydor 3174159
Canta: Carlos Javier

 Hablado

Arriba los tamboriles,
evocando la fiesta de los morenos,
en aquel viejo buenos aires,
de San Telmo y Monserrat,
en Montevideo, barrio Palermo y "La Unión",
y allá en Corrientes,
el papá Juan con su fiesta de San Baltazar.

San Telmo tiene en su memoria,
por viejas calles del tambor,
y fué la reina del candombe,
y la llamaban la carbón,
y en aquel viejo Buenos Aires,
su pena de amor nació,
con pena de su amor primero,
con el baile dormilón.
Negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro, era su color,
negro, su cantar de amor,
negro era su color,
negro, su cantar de amor.

MACUMBA CUMBA (MARCHA)
Letra de Francisco Fernández Pello
Musica de Carlos Aiello
Musica de Juan Domingo Aiello

Intérprete: Alberto Castillo 
Candombes y milongas.
Cidi Odeon-Emi 7-2434-99774-2-4

Marcha

Los tamboriles ya resuenan por san Telmo
y llega el eco mas allá de Monserrat,
hay un desfile de percales y de sedas
es que ha llegado nuevamente el carnaval.
Ya la calle es un despliegue de colores
lentejuelas y amuletos de coral,
y allá a lo lejos resuenan los tambores
llamando a todos al candombe Federal.
¡Macumba cumba! (Coro)
suena el parche mientras dura el carnaval,
¡macumba cumba! (Coro)
llega el eco mas allá de Monserrat,
¡macumba cumba! (Coro)
mil faroles nos darán luz y color,
hasta que el alba despertándose en el río
corren las sombras por el barrio del tambor,
los tamboriles ya resuenan por San Telmo
y llega el eco mas allá de Monserrat.
Es que ha llegado nuevamente el carnaval
ya la calle es un despliegue de colores,
lentejuelas y amuletos de coral
y allá a lo lejos resuenan los tambores,
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
llamando a todos al candombe Federal...
Asamblea del Año XIII: Libertad de vientres, 2.

"Bando publicado a virtud del decreto soberano de este día", Gazeta Nº 44, 5 de febrero de 1813. El Supremo Poder Ejecutivo Provisorio de las Provincias Unidas del Río de l a Plata a los que la presente viesen, oyesen y entendiesen. Sabed: que la Asamblea Soberana general constituyente se ha servido expedir el decreto del tenor siguiente: "Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad el que en los mismos pueblos, que con tanto tesón y esfuerzo caminan hacia su libertad, permanezca por más tiempo en la esclavitud los niños que nacen en todo el territorio de las Provincas Unidas del Río de la Plata sean considerados y tenidos por libres, todos los que en dicho territorio hubiesen nacido desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad por la feliz instalación de la Asamblea general, bajo las reglas y disposiciones que al efecto decretará la Asamblea general constituyente. Lo tendrá así entendido el Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, Febrero 2 de 1813, Carlos de Alvear, Presidente, Hipólito Vieytes, Diputado y Secretario". Por tanto para que este soberano decreto tenga su puntual y debido cumplimiento, publíquese por bando en esta capital, imprímase y comuníquese al gobernador intendente de esta Provincia para que lo haga así mismo notorio en todos los puntos de su dependencia, dirigiéndose igualmente a todos los gobiernos de la comprensión de este Supremo Gobierno Ejecutivo, a los efectos que van prevenidos, Buenos Aires, 3 de febrero de 1813. Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña. Por mandado de S.E.D. José Ramón de Basavilbaso.
Fuente: Chiaramonte, J. C., Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846), Espasa Calpe- Ariel, Villa Ballester, 1997, pág 418/419.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Barrio del Tambor

Agrupados de acuerdo con su origen o con los diversos matices de la raza en comunidades como: Congo, Cabunda, Banguela, Minas, Angola, Rubolo, Mozambique, etc., gobernados por una corte compuesta de rey, reina y consejo directivo, los negros se agrupaban en el barrio Monserrat. Los domingos y días feriados, en medio de danzas ruidosas y fiestas de sabor primitivo, recuerdan a su tierra natal. El barrio recibe varios nombres: "del Tambor", o "del Candombe", por ser estos instrumentos los más característicos y típicos de las celebraciones. Posteriormente se le denominaba "barrio del mondongo", porque a un matadero de las inmediaciones los más necesitados van a pedir gratuitamente los residuos: mondongo, bofes, etc.
Fuente: Gibelli, Nicolás J. y Pérez Amuchastegui, A.J.; Crónica Argentina Histórica (compilación), Tomo 1; Editorial Codex; Bs. As.; 1968; pág. 295 Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Buenos Aires se enriquece

En los años que siguieron a 1810 no se registraron grandes cambios en la población y en la estructura física de la ciudad de Buenos Aires ni en su campaña. Sin embargo, hubo transformaciones profundas en todos los planos pues la revolución significó un corte abrupto en el proceso político además de una ruptura en lo comercial y económico, el pensamiento, las creencias y las costumbres. También pudo registrarse ciento enriquecimiento, perceptible en las clases altas y en los sectores vinculados con un creciente tráfico de mercaderías, en reemplazo del antiguo monopolio sustentado por la autoridad colonial. La población. Una circunstancia de la que, en cambio, quedó registro fue la disminución del comercio esclavo. La trata terminó oficialmente en 1812; al año siguiente se aprobó la ley de "libertad de vientres" y de declaró que todo esclavo que pisara territorio del antiguo virreinato sería automáticamente tenido por libre. Sin embargo, sucesivas reglamentaciones fueron limitando estos nobles deseos. Una de ellas especificaba que los esclavos que entraran al territorio con sus amos no se beneficiarían de la disposición que los declaraba libres. Incluso el gobierno revolucionario llegó a emitir licencias permitiendo importar esclavos "para uso personal". El censo de 1822 muestra que la población libre de color forma alrededor del 48% del total de los negros, lo que demuestra que la mayoría de éstos todavía se encontraban en la esclavitud. Entre 1810 y 1822 la cifra de negros y mulatos aumenta de casi 8.900 a cerca de 14.000, por ello significa una disminución de un cuarto a dos séptimos de la población urbana; hay que recordar que entre 1813 y 1816 se crearon unidades militares de negros que serían libres al terminar sus servicios, lo que -según José Luis Romero- sería una de las causas del progresivo mestizaje. Curiosamente, la mortalidad infantil es más alta entre los negros libres que entre los esclavos. Sea como fuere, en la década posterior al movimiento de mayo, Buenos Aires continúa dependiendo en gran medida de la fuerza de trabajo de la fuente de color, tanto esclava como libre. Ventas callejeras, oficios como los de aguateros, changador, panadero, fabricantes o más bien artesanos de muebles, zapatería y herrería y sobre todo las labores domésticas, son las principales ocupaciones de este sector.
Fuente: Luna, Félix Historia Integral de la Argentina, Tomo 4: La Independencia y sus Conflictos. Buenos Aires, Editorial Planeta; Buenos Aires 1996; pág. 283/284.
Seleccionado por
el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
El Río de la Plata al comenzar el siglo XIX

Mayor importancia numérica tuvo sin duda la introducción de esclavos. Esta era la solución habitual en las últimas etapas coloniales para el problema planteado por la escasez de mano de obra; es usual señalar qué razones impidieron, en el río de la Plata, que la gravitación del régimen esclavista alcanzase la intensidad que tuvo en las colonias de plantaciones: faltaban aquí precisamente las plantaciones, y la esclavitud fue un fenómeno más urbano que rural, por otra parte, el tipo de actividades a las que en las ciudades se orientaban los esclavos hacía menos interesante para sus amos el mantenimiento de la institución misma; eso explica sin duda la abundancia de emancipaciones. Estas observaciones - en su mayor parte válidas - no deben, sin embargo, hacer olvidar la importancia que tuvo la entrada de esclavos negros como medio para obtener la mano de obra que la escasa población local no podía proporcionar. En este sentido el Río de la Plata estaba todavía favorecido por constituir el punto de entrada de esclavos para el todo el sur de las Indias españolas; la oferta de negros fue aquí abundante desde comienzos del siglo XVIII. Y en efecto la proporción de la población de color se eleva en Buenos Aires a lo largo de la centuria desde el 16.5% en 1774, hasta el 25% en 1778 y el 30% en 1807. En la campaña la parte de población negra es más escasa, hecho que se constituye en una prueba adicional de la concentración de la riqueza mueble en actividades urbanas, porque no hay duda de que -contra lo que quiere frecuentemente suponerse- allí donde se la usó la mano de obra esclava resultó rendidora para los trabajos rurales (sobre todo para los agrícolas). En todo caso la entrada de esclavos para el Litoral en expansión del siglo XVIII no alcanzó a dar éste una proporción de población negra comparable a la de ciertas zonas del Interior, donde el período de entrada de esclavos había sido la centuria anterior: en Tucumán, en 1706, la población negra cubre un 44% del total. Pero en el Interior una alta proporción de los pobladores de color se encuentran emancipados; en Tucuman hay cuatro negros libres por cada esclavo, en Corrientes la proporción es análoga. En Buenos Aires, en cambio, hay en 1810 un negro libre por cada diez esclavos.
Fuente:
Halperín, Donghi, Tulio, Revolución y Guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972; pág. 74/75. Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
En pro del Negro

Para evitar que los amos burlen la ley del 2 de febrero, bajo severas penas ordena a los propietarios de esclavos, a los párrocos y demás autoridades locales que den cuenta al gobierno del nacimiento de hijos de esclavos, para que las criaturas sean debidamente registradas. El niño quedará con su madre hasta los dos años de edad; el amo lo tomará a su cuidad desde entonces, y tendrá el deber de guiarlo y educarlo convenientemente, pudiendo valerse gratuitamente de sus servicios hasta los quince años. Después de esa edad, y hasta los veinte, deberá pagarle un salario que depositará para formarle un capital
Fuente: Gibelli, Nicolás J., Pérez Amuchástegui, A.J.; Crónica Argentina Histórica Tomo 2; Editorial Codees S.A.; Buenos Aires; 1968; páginas 40/41 Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Encuentros

En los festejos públicos había otras diversiones populares: las danzas en que niñas y niños bailaban siguiendo las carrozas hasta la plaza central en donde los esperaba un tablado construido para la festividad. Sobre el tablado bailaban, marchaban y formaban con cintas una gran variedad de figuras. El fandango (prohibido por un edicto del obispo Juan José Peralta el 30 de julio de 1743 bajo pena de excomunión mayor) y el candombe eran bailes propios de la comunidad afroargentina. Pero las más provocativas eran las ceremonias de la danza del santo, un culto hierático y esotérico donde confluían lo mágico y lo religioso: ruegos, tamboriles, contorsiones y rezos en la compleja organografía de origen africano. Para el Carnaval, tan pronto como sonaba en el Fuerte la descarga de cañón, a las doce - señal del comienzo de estas celebraciones -, se desataba la euforia de los ineludibles y omnipresentes tambores y tamboriles, las marimbas y el espasmódico crepitar de las mazacayas. (1) Los afroargentinos abandonaban entonces los barrios del Tambor y del Mondongo, la Plaza de la Fidelidad y Santa Lucía, Monserrat y la Concepción. Desde el sur, por el camino del Mercado, enfilaban hacia la calle Buen Orden - hoy Bernardo de Irigoyen -, rumbo a la Plaza Mayor. Para la gente decente, las diversiones de los negros bozales eran las más bárbaras y groseras. Su canto era considerado un aúllo. Basta ver los instrumentos de su música, para inferir lo desagradable de su sonido, relata Concolocorvo: "la quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan con un hueso de carnero, asta u otro palo duro, con que hacen unos altos y tiples tan fastidiosos y desagradables que provocan a taparse los oídos o a correr a los burros, que son los animales mas estólidos y menos espantadizos". (2) En lugar del tamborilillo de los indios, los afroargentinos usaban un tronco hueco, en cuyos extremos le ceñían un pellejo tosco. Se lo cargaba tendido sobre la cabeza, mientras otro músico por detrás con dos palitos en la mano, en figura de zancos, iba golpeando el cuero con sus puntas. Sus danzas siempre llamaron la atención de aquellos eternos custodios de la moral y las buenas costumbres. Según éstos, "se reducía a menear la barriga y las caderas con mucha deshonestidad, lo que acompañan con gestos ridículos, que traen a la imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en sus sábados y finalizan en borracheras" (1) Las descripciones más coloridas y apasionadas de estos festejos se pueden leer en Ortiz Oderigo, Néstor. Aspectos de la Cultura Africana en el Río de La Plata. Plus Ultra, Buenos Aires, 1974. (2) Concolorcorvo. El Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima. Desclée de Brouwer, París, 1938.
Fuente: Cicerchia, Ricardo, Historia de la vida privada en la Argentina, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1998, pág. 106 a 109.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Esclavos y Libres ¿Por qué?

"Empleando esclavos se bajaban los altos costos laborales provocados por el empleo de trabajo asalariado; se contaba con mano de obra más confiable, menos inestable y además en poco tiempo, aseguraba don Florencio, se recuperaba la inversión inicial. He aquí las razones de los contemporáneos para utilizar mano de obra forzada, para preferirla a la fuerza de trabajo libre. Es como si para ellos peones y esclavos fueran, al contrario de lo que sostiene Amaral, sustitutivos más que complementarios. Pero aún hay que explicar por qué, a pesar de ello, los estancieros empleaban ambos tipos de mano de obra. Como bien apunta Gelman, muchos estancieros carecían de capital líquido para comprar esclavos, de manera que estaban condenados a emplear asalariados. Pro aún los que contaban con él o tenían acceso al crédito empleaban algunos asalariados. ¿Por qué lo hacían?. Lo hacían básicamente para cubrir la demanda sobrante de mano de obra derivada no sólo de las actividades temporarias más o menos estacionales sino también de las permanentes. Los esclavos, en las estancias ricas y por lo tanto bien equipadas de ellos, constituían el núcleo de trabajadores destinados a cubrir la demanda básica tanto estacional como permanente.. La que por la fluctuación de la producción y otras contingencias excedieran ese piso o techo, se cubría con trabajadores libres. Sólo así nos explicamos los términos en que los deudos de don José Antonio de Otarola objetan al administrador de la que fue su gran estancia de Areco la contratación de conchabados. Resultaba para ellos evidente que eran " para los escasos ganados y demás hacienda de la masa común, bastantes los esclavos...", por lo cual "no había necesidad para ello de conchabar peones todo el año"
Fuente: Mayo, Carlos A; Estancia y Sociedad en la Pampa 1740 -1820; Biblos; Buenos Aires, 1995; pág. 138/139.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Jornadas de Trabajo

La delimitación de las jornadas de trabajo sirve para calmar las eternas preocupaciones oficiales acerca del vagabundeo, la holgazanería y otros vicios propios " del común". Una famosa Cédula Real de 1789 que impone horarios minuciosos para los jornaleros y los esclavos, revela el estado de ánimo de la Corona: Se han de levantar a las cuatro de la mañana para beber mate y entrar inmediatamente al trabajo; a la hora y media que estén en él, se le dará otro mate; media hora después, almuerzo; a la hora de éste otro mate; y de ahí en adelante, hasta que salgan del trabajo, toda el agua fría que quisiesen. A las once y media se retirarán a la casa, donde descansarán media hora, y a las doce se le dará de comer para que duerman la siesta hasta las dos, en que se les despertará dándoles mate, y volverán sin demora otra vez a la faena. Allí, con igual distribución de tiempo se les servirán otros dos mates, y después toda el agua fría hasta que del todo dejen el trabajo, que será una hora después de entrado el sol; de modo que en todo el discurso del día se les darán seis mates, con los dos que en las casas tomarán, mañana y tarde antes de ir al sembrado.(1) 1. Real Cédula del 31 de mayo de 1789, fijando normas para el trabajo, alimento, educación y límites de la tarea diaria de jornaleros y esclavos. Alvarez, Juan. Historia de Rosario (1689 (1939) Imprenta López, Buenos Aires, 1943; pp. 128-129.
Fuente: Cicerchia, Ricardo, Historia de la vida privada en la Argentina, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1998, pág. 199/200.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
La "Tierra prometida":

crecimiento económico y movilidad social Es decir que de esta manera se va a producir una diferenciación interna entre los esclavos de la estancia, y algunos de ellos, sobre todos los capataces que tenían mayor posibilidad de negociación, van a poder desarrollar una serie de actividades independientes y en algunos casos casarse con mujeres libres, lo cual les podían permitir un cierto nivel de acumulación, al final del cual podrán intentar comprar también su libertad.
Fuente: Gelman, Jorge; Campesinos y estancieros. Una región del Río de la Plata a fines de la época colonial; Editorial Los libros del riel; Buenos Aires; Marzo de 1998; página 299
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
La Gente

Los negros trajeron su natural bondad, su alegría, sus ritmos innatos e inextinguibles, sus lenguajes, sus tradiciones, su nostalgia, sus ancestrales supersticiones. Generalmente fueron bien tratados. En esta parte de América no había explotaciones intensivas como las fazendas brasileñas o las plantations de las colonias inglesas y antillanas. No pocos obtuvieron su libertad, comprándosela a sus amos y, al mejorar su status, se fueron blanqueando, mezclándose con criollos pobres y con mestizos. La Asamblea de 1813 decretó la libertad de todos los que nacieran de padres esclavos y prohibió el comercio negrero. Las guerras de la Independencia brindaron a muchos la oportunidad de convertirse en libertos sirviendo en los ejércitos patrios, y algunos hicieron brillantes carreras militares.
Fuente: Luna, Felix, Confluencias, Editorial Sudamericana, Bs. As., 1991, pág. 40
Seleccionado por el equipo Patricio Perteneciente a Don Alonso de Quesada del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Las consecuencias económicas de la revolución

Junto a las contribuciones en dinero, están las de recursos, entre ellas las de esclavos. De nuevo aquí la desigualdad es la regla: las corporaciones, las iglesias y conventos, ceden rápidamente sus esclavos para la guerra; los particulares se defienden mejor (todavía en 1816 el Director Pueyrredón fracasó en un intento de incorporar al ejército a todos los esclavos: la resistencia que encontró fue demasiado fuerte; aun San Martín, en Cuyo, debió dejar abierta- como ya se ha visto- la alternativa del ofrecimiento de personeros). La contribución en esclavos es a la vez urbana y rural: sin duda predomina todavía en ella la parte de los propietarios de la ciudad. Casi totalmente rural es en cambio la contribución en ganados, caballerías y alimentos. Ésta es de nuevo muy irregular, y - al revés de las anteriores- es sólo en pequeña proporción responsabilidad directa del gobierno central. Se la practica más intensamente que en las áreas colocadas bajo la directa obediencia de éste, en las disidentes (es el caso del Litoral artiguista) y en las que, como Salta, gozan de derecho de gran autonomía frente a Buenos Aires. Las razones son muy evidentes: aquí el dinero escasea aun más que en Buenos Aires, y la movilización es más amplia, con lo que el consumo de ganados aumenta.
Fuente: Halperín Donghi, Tulio, Argentina de la revolución, de la independencia a la confederación Rosista, Editorial Paidos, Barcelona, 1985, Pág. 146.
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Los esclavos de la ciudad.

Buenos Aires tuvo un lugar destacado en el tráfico de esclavos, el cual adquirió una enorme importancia durante el siglo XVIII y especialmente en los años finales de la centuria, favorecido por el crecimiento económico y el apoyo de la Corona. La trata negrera fue así uno de los rubros más rentables del comercio colonial, tanto que algunos comerciantes de la colonia se lanzaron a realizarlo por su propia cuenta y de un modo activo con las costas de Brasil y del Africa; modificaron de este modo la antigua práctica de limitarse a la importación de esclavos para su posterior redistribución por el espacio rioplatense y peruano. No todos los esclavos fueron destinados a este circuito interregional de comercio, y una porción significativa y creciente de ellos quedó en la jurisdicción hasta el punto de que, a fines de siglo, cerca de un tercio de la población de la ciudad era de origen afroamericano. Los africanos (como genéricamente se los llamaba, borrando de ese modo la diversidad de las culturas de origen), provenían de distintas regiones del Africa y pertenecían a etnias diferentes; a ellos se agregaban los que procedían de Brasil y los nacidos en estas tierras. Esta población -constituida por esclavos, libertos y mulatos- definía en buena medida el perfil de una sociedad urbana que era extremadamente dependiente de la utilización de esta fuerza de trabajo para un sinnúmero de actividades. Eran los integrantes principales de la mano de obra empleada en los oficios artesanales, en todo tipo de trabajos y en el servicio doméstico. En cierta medida, la posición social de una familia destacada en la capital podía medirse en base a la cantidad de esclavos de que disponía en su casa. Este sector de la población recreó en estas tierras pautas culturales y formas de ayuda mutua que, como las Hermandades, permitieron adaptar patrones vigentes en la vida colonial e insuflarle sus propios componentes. Fuente: Garavaglia, J. C., Fradkin, R., Hombres y Mujeres de la Colonia, Editorial Sudamericana, Bs. As., 1993, pág. 144/145.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Los esclavos de Buenos Aires vistos por un inglés

"Entre los más amables rasgos del carácter criollo no hay ninguno más conspicuo y ninguno que más altamente diga de su no fingida benevolencia, que su conducta con los esclavos. Con frecuencia testigo del duro tratamiento de aquellos prójimos en las indias Occidentales, de la indiferencia total a su instrucción religiosa allí prevalente, me sorprendió instantáneamente el contraste entre nuestros plantadores y los de América del Sur. Estos infelices desterrados de su país, así que son comprados en Buenos Aires, el primer cuidado del amo es instruir a su esclavo en el lenguaje nativo del lugar, y lo mismo en los principios generales y el credo de su fe. Este ramo se recomienda a un sacerdote, que informa cuando su discípulo ha adquirido conocimiento suficiente del catecismo y de los deberes sacramentales para tomar sobre sí los votos del bautismo. Aunque este proceso en lo mejor debe ser superficial, sin embargo tiene tendencia a inspirar un sentimiento dependencia del Ser Supremo, obligan a una conducta seria, tranquiliza el temperamento y reconcilia a los que sufren con su suerte. Hasta que se neutralizan de este modo, los negros africanos y sus hermanos nacidos en América son estigmatizados por el vulgo como infieles y bárbaros. Los amos, en cuanto pude observar, eran igualmente atentos a su moral doméstica. Todas las mañanas, antes que el ama fuese a misa, congregaba a las negras sobre el suelo, jóvenes y viejas dándoles trabajo de aguja o tejido, de acuerdo con sus capacidades. Todos parecían joviales y no dudo que la represión también penetraba en su circulo. Antes y después de la comida, así como en la cena, uno de estos últimos se presentaba para pedir la bendición y dar las gracias, lo que se les enseñaba a considerar como deberes prominentes y siempre los cumplían con solemnidad."
Fuente: Gibelli, N., Perez, Amuchástegui, A. J, Crónica Argentina, Editorial Codex, Bs. As., 1972, Tomo 1, Pág 20.
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Los negros

Los negros podían ser esclavos o libertos, bozales o criollos. Los esclavos se marcaban con hierro candente en la frente o en las espaldas (el instrumento tenía el nombre africano de carimba), práctica que se abolió por real orden del 4 de noviembre de 1784. Los esclavos podían adquirir la libertad por merced de sus amos (carta de libertad) o porque la comprasen ellos mismos (rescate) por una cantidad equivalente a su precio. Tanto los libres como los esclavos estaban sujetos a una serie de medidas restrictivas: no podían andar de noche por ciudades, villas o lugares, llevar armas y tener indios o indias de servicio; sus mujeres no podían llevar oro, seda, mantos y perlas (las negras y mulatas horras casadas con españoles podían llevar unos zarcillos de oro con perlas y una gargantilla, y en la saya un ribete de terciopelo). Aunque no podían llevar armas (tampoco los mulatos y zambos), la necesidad hizo que se les incorporara a la milicia. El gobierno recurría a los negros y mulatos en momentos de peligro y finalmente llegó a formar compañías, batallones y regimientos de negros y mulatos, a los que se llamaba eufemísticamente morenos y pardos, con oficialidad blanca. Y eso les daba algunas franquicias y preeminencias. Ya hemos visto que ese les asignaba una posición inferior en los gremios, y que los maestros zapateros pardos y morenos de Buenos Aires solicitaron, en 1794, permiso para establecer gremio propio, "pues en el formado por los españoles e indios con cofradía y estatutos, y aprobado por el virrey, se excluye de los empleos del gremio, voz activa y pasiva, a los de color pardo". El rey les concedió lo que solicitaban. Los españoles podían casarse con negras, mulatas, etc., pero la real pragmática de los matrimonios, del 7 de abril de 1778, puso tramos visto que se prohibía a los indios "todo trato y comunicación con mulatos, negros y demás castas semejantes". La real Cédula del 31 de mayo de 1789, dada en Aranjuez por Carlos IV, constituye un verdadero código sobre el trato que debía darse a los negros: los amos debían instruir a los esclavos en la religión católica y en las verdades necesarias para que fueran bautizado en el término del primer año de residencia en las colonias (se les debían explicar las doctrinas los días de precepto, hacerles oír misa y costear un sacerdote que les instruyera y les administrara los sacramentos; los días de trabajo, después de cumplida la labor, debían además alimentarlos y vestirlos adecuadamente, y también a sus hijos (las niñas menores de 12 años y los varones menores de 14), aunque éstos fueran libres. Debían concederles descanso los días de fiesta de precepto. Se les debía reservar principalmente el trabajo del campo y no las labores sedentarias, y el trabajo debía ser proporcionado a la fuerza y edad de cada uno. El trabajo era obligatorio de los 17 a los 60 años, y la jornada de sol a sol. Las mujeres debían tener labores adecuadas, separadas de los hombres, y no podían ser jornaleras. Se reglamentaban sus diversiones y se prohibía que se reunieran los de haciendas diferentes. Debía proporcionárceles habitación y cama, asistencia en caso de enfermedad, los gastos de difusión y mantenimiento en caso de invalidez. Tenían el derecho de libre elección matrimonial (el dueño del marido debía comprar a la mujer, o el dueño de la mujer al marido). Las sanciones contra amos o mayordomos de haciendas eran muy severas. Los amos y mayordomos podían imponer penas corporales a los esclavos podían imponer sin contusión grave ni efusión de sangre; las penas mayores (muerte o mutilación) sólo podía decidirlas la audiencia. Se debía llevar u padrón de los esclavos; no podían ausentarse sin permiso y había que dar cuenta de su defunción. Una serie de tribunales y funcionarios estaban encargados de la salvaguarda de estas disposiciones, que tendían a humanizar el trabajo de los esclavos. Los negros era hábiles zapateros, sastres, barberos, changadores o mozos de cuerda, carpinteros, y hasta pulperos y tenderos. Estaban incorporados desde el primer momento al servicio doméstico en las ciudades y en la campaña, tenían en las chacras y estancias el cuidado de mulas y caballos y trabajaban como peones en el cultivo de la tierra. En 1642 el cabildo de Buenos Aires prohibió que las pulperías de la ciudad fuesen atendidas por negros. El cabildo los utilizaba como pregoneros y en trabajos públicos. Por su parte, las mujeres eran criadas, lavanderas, nodrizas, amas de leche y fabricaban jabón. En el siglo XVII, las negras esclavas que vendían pan en la Plaza Mayor se llamaba gateras (es término que designa, en toda el área incaica, a la mujer que vende e el mercado, del quechua katu, mercado). El gran campo de actividad de los esclavos fuero los oficios. Hacia 1730 el P. Cattáneo, de la compañía de Jesús, decía que eran excelentes maestros albañiles. Fueron, además, cantores, músicos y hasta actores, acróbatas y toreros. A fines del siglo XVIII el Cabildo de Buenos Aires era enemigo de excluir a los negros de los gremios, porque -dice- "hay muchas viudas y familias que se sustentan con el jornal de sus esclavos". Los libertos debían pagar tributo y vivir con amo conocido. Jurídica y socialmente, la posición del negro era inferior a la del indio. Económicamente fue sin duda superior. Era más asimilable, más acomodaticio, menos rebelde. Tenía sus propias cofradías, que le auxiliaban en caso de necesidad y le organizaban fiestas y diversiones. Los negros no constituyeron una masa pasiva de la historia americana. Hoy se empieza a estudiar su rica aportación a la vida americana, a la que comunicaron sus costumbres, su alegría, su vitalidad. Su música y su sentido del ritmo.
Fuente: Rosenblat, Ángel; Historia Argentina tomo IV; "Las castas en la vida de las gobernaciones del virreinato"; Plaza & Janés S.A. Editores Argentina Bs.As. ; Barcelona, Bogotá; 1981, 2 edición, páginas 1832,1833 y 1834.
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Los negros

La Real Cédula del 31 de mayo de 1789, dada en Aranjuez por Carlos IV, constituye un verdadero código sobre el trato que debía darse a los negros: Los amos debían instruir a los esclavos en la religión católica y en la verdades necesarias para que fueran bautizados en el término del primer año de residencia en las colonias (se les debían explicar las doctrinas los días de precepto, hacerles oír misa y costear un sacerdote que les instruyera y les administrara los sacramentos; los días de trabajo, después de cumplida la labor, debían rezar el rosario en presencia del mayordomo o del amo). Debían además alimentarlos y vestirlos adecuadamente, y también a sus hijos (las niñas menores de 12 años y los varones menores de 14), aunque éstos fueran libres. Debían concederles descanso los días de fiesta de precepto. Se les debía reservar principalmente el trabajo del campo y no las labores sedentarias, y el trabajo debía ser proporcionado a la fuerza y edad de cada uno. El trabajo era obligatorio de los 17 a los 60 años, y la jornada de sol a sol. Las mujeres debían tener labores adecuadas, separadas diversiones y se prohibían que se reunieran los de haciendas diferentes. Debía proporcionárseles habitación y cama, asistencia en caso de enfermedad, los gastos de defunción y mantenimiento en caso de invalidez. Tenían el derecho de libre elección matrimonial (el dueño del marido debía comprar a la mujer, o el dueño de la mujer al marido). Las sanciones contra amos o mayordomos de haciendas eran muy severas. Los amos y mayordomos podían imponer penas corporales a los esclavos, sin contusión grave ni efusión de sangre; las penas mayores (muerte o mutilación) sólo podía decidirlas la Audiencia. Se debía llevar un padrón de los esclavos; no podían ausentarse sin permiso y había que dar cuenta de su defunción. Una serie de tribunales y funcionarios estaban encargados de la salvaguarda de estas disposiciones, que tendían a humanizar el trato de los esclavos. Diversos testimonios - entre ellos el del capitán inglés Gillespie- señalan el buen trato que se les daba en el Río de la Plata.
Fuente: Rosenblat, Ángel; Historia Argentina tomo IV; "Las castas en la vida de las gobernaciones del virreinato"; Plaza & Janés S.A. Editores Argentina Bs.As. ; Barcelona, Bogotá; 1981; páginas 1832/1833
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Los Negros Esclavos

Muchas veces nos han contado que las familias adineradas tenían esclavos como servicio doméstico. Era común que en los caserones coloniales revolotearan unos doce negros, ocupado cada uno en sus quehaceres. Pero los esclavos no se compraban sólo para servir, sino también para obtener ganancias con su trabajo. Muchas familias vivían del trabajo de sus esclavos, ya que éstos eran hábiles artesanos. En los amplios patios de las casas hacían escobas, velas, dulces, etcétera, que luego vendían por las calles. También eran cocineros, mucamos, albañiles, blanqueadores, cavaban pozos, hacían changas. Las negras lavaban, planchaban, eran amas de leche. Cuando el negro o el indio llevaba más de un año de esclavitud y ya había aprendido el español, lo llamaban ladino; en cambio era un "bozal" hasta que aprendía ese idioma.
Fuente: Compilación de textos Mi país, tu país, la vida cotidiana; Centro Editor de América Latina; Buenos Aires; 1970; pág. 19.
Seleccionado por el equipo Stamble Moguttu del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Más sobre los esclavos...

Los negros forman el mayor número y la América está llena de ellos, no porque haya alguna nación de negros, sino porque son traídos continuamente de África por los ingleses, donde los compran a millares como ganado por bagatelas, o bien a sus padres que conducen al mercado tropas enteras de sus hijos, o bien a sus enemigos... y vienen a venderlos en todos los puertos de América a cien y doscientos pesos por cabeza.
Fuente: Meroni, Graciela, La Historia en mis Documentos, Editorial Crea, Buenos Aires 1979, Pág. 70.
Seleccionado por el equipo Patricio Perteneciente a Don Alonso de Quesada del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Mercado de Buenos Aires

Tanto la caza de negros en el territorio africano como el transporte hasta América se realizaban en condiciones más que inhumanas. * Hasta la prohibición del 26 de febrero de 1784, los negros eran medidos, palmeados y luego marcados con hierros denominados "piezas de carimbar". Durante la colonización española Buenos Aires fue uno de los puertos principales para la introducción de esclavos negros, hasta que por algunas modificaciones en el régimen de la trata se estableció que Montevideo fuera puerto de desembarco. Las piezas vendidas no siempre quedaban en Buenos Aires, sino que eran conducidas al interior, a la Banda Oriental, Chile, Perú o Potosí. En los tiempos en que la trata era ejercida por la Compañía francesa, ésta adquirió un terreno ubicado al pie de las barrancas, al sur de la ciudad (aproximadamente en el Parque Lezama). Por su parte, la Compañía Inglesa tuvo galpones en el Retiro. En el Libro de Acuerdos del Cabildo de Buenos Aires existen algunas citas sobre problemas originados en la trata de negros; refiriéndose a los corrales del Retiro: "Este establecimiento, dominando o superando la ciudad, y que está situado por la parte del Norte que es el viento que generalmente reina es sumamente. perjudicial a la salud pública que es lo que más se debe cuidará porque. soliendo venir de los. negros medio apestados, llenos de sarna y escorbuto y despidiendo de su cuerpo un fétido y pestilencial olor pueden con su vecindad infeccionar la Ciudad" (Nº 47, f. 207 vta.). En 1802 un petitorio del Cabildo decía: "Y porque para preservar a la ciudad de alguna infección o contagio, es no menos útil, oportuno y conducente, que se renueven las órdenes antiguas, sobre que los lotes o partidas de negros bozales se depositen y alojen en los estramuros de la Ciudad, se pedirá que esto se mande en el bando a fin de que los mercaderes introductores de negros los acomoden precisamente a fin de la población por parte del Sur para que si hubieren que hacerlos bañar lo practiquen en el río, por aquella parte, donde no hay que temor que infesten con sus malos humores el agua por ser río abajo" (Nº 58, f. 145). En el acuerdo del 27 de enero de 1803,"se leyó una representación del Caballero síndico Procr. Gral., en q. haciendo presente los desórdenes que se observan en la ciudad, de mantener en su centro, los lotes de negros que arriban a este Puerto; de no darles entierro a los que mueren, arrojándolos en los huecos que tiene la ciudad, y arrastrándolos públicamente. por las calles, con escándalo del vecindario, pide que se represente a S.E. pidiendo la publicación de un bando, para que los introductores y dueños saquen inmediatamente de la ciudad, á distancia lo menos de media legua, bajo responsabilidad de la pérdida de los. esclavos, y otras penas o multas capaces de contener estos desórdenes librándose providencias en punto a Religión, las que se consideren oportunas" (Nº 58, f. 169). Diego Abad de Santillán consignó las cifras de introducción de negros: entre 1606 y 1625 se comprobó la introducción clandestina de 8.932 negros; en el período del gobernador Diego de Góngora (1618-1623) fueron introducidos 5.553 esclavos en navíos de arribada forzosa. Hasta 1680 los negros introducidos con licencia sumaron 22.892. En el Censo de 1778 había en Buenos Aires 15.719 españoles; 1.288 mestizos e indios y 7.268 mulatos y negros. * Ver: "La raza negra en el Río de la Plata", TODO ES HISTORIA, Suplemento Nº 7, por Bernardo Kordon.
Fuente: Gonzalez Arzac, Alberto, Prolongación de la esclavitud en la Argentina, Revista Todo es Historia, Ediciones TOR, Buenos Aires, 1970, Nº 43, Suplemento Nº 32, pág. 6/7.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Población, Familia y Matrimonios de Esclavos

La población esclava rural bonaerense, como la de otras áreas de América latina, estaba marcada por un hecho clave. El fuerte desequilibrio entre los sexos. Los hombres predominaban claramente sobre las mujeres. Este hecho, sumado a la ausencia de una estructura familiar sólida y difundida, contribuyó a impedir el crecimiento vegetativo de la población esclava en la campaña. Si la población aumentó fue por la incorporación incesante de migrantes forzados traídos directamente de Africa por la trata negrera. El 70.2% de los negros censados en 1815 habían nacido en África. Predominaban los nacidos en Guinea, le seguían los mina, luego los benguela y los procedentes de Angola ... sólo un puñado de esclavos sobre 326 estaban integrados en familias y encabezados por padre y madre. Claramente los años no alentaban la formación de familias entre su servidumbre negra. La gran mayoría de los esclavos de los pagos ganaderos de San Vicente y Magdalena era soltera, 93% y 79% respectivamente. Algo similar comprobó el equipo de César García Belsunce para Chascomús y San Isidro. Ello no implica que el matrimonio no jugara ningún papel en la comunidad afrobonaerense esclava. Los esclavos querían casarse y, cuando los amos accedían a ello, no lo hacían por razones humanitarias. El matrimonio era otro formidable mecanismo de control social. Arraigaba el esclavo en la estancia y alentaba su buen desempeño. Así tanto la Iglesia como los estancieros laicos autorizaban el casamiento de sus criados no sólo para tenerlos "sujetos" como decían los betlemitas, sino como un incentivo a su productividad. Así un alto empleado de la Hermandad de Caridad aconseja se dé licencia al esclavo Domingo de Belén para contraer el matrimonio por su eficaz desempeño en el puesto al que estaba asignado. La junta de la hermandad resolvió por su parte" que se dé mujer a los negros buenos de la estancia...". Los betlemitas casaron al negro Felisardo de una de sus estancias no sólo para cumplir con un deber sacramental sino por la necesidad que de los servicios de Felisardo tenía el establecimiento. Nadie concilió con más consumada eficacia religión y negocios en materia de matrimonios de esclavos que los jesuitas. Al visitar la residencia de Montevideo el jesuita José Barreda aconsejaba así comprar negras " para casar los otros que están solteros y con esta diligencia puede ser se aquieten y cumplan mejor ellos con su obligación y nosotros con la nuestra...". La elocuente ambigüedad de las palabras de Barreda nos exime de todo comentario. Sin embargo, una vez más los jesuitas constituían una excepción cuanto a la sex ratio como a la organización familiar de sus esclavos. En su estancia de Areco, como en la mayoría de sus haciendas, se guardaba un sorprendente equilibrio entre los sexos, y la familia esclava era un rasgo generalizado. Así, de los 107 esclavos de aquélla, 52 eran varones y 55 mujeres. En cuanto a la estructura familiar de la población esclava de la estancia jesuita, ésta presentaba un claro contraste con lo que ocurría más allá de sus límites. De manera que sólo el 28,97% de los esclavos de los jesuitas en Areco escapaba al marco de la organización familiar. En síntesis, si bien tanto el esclavo de la estancia colonial como el afectado a la producción ganadera parecen haber gozado en todas partes de un ritmo de trabajo menos intenso así como de una mayor autonomía que sus compañeros de la plantación y también, quizá, de una dieta más nutritiva y rica en proteínas, su acceso a la vida familiar se vio más trabado y limitado que en otras regiones, como por ejemplo el sur de los Estados Unidos anterior a la guerra civil. Desde otro punto de vista, y para concluir, la esclavitud era perfectamente funcional con la ganadería pampeana.
Fuente: Mayo, Carlos A; Estancia y Sociedad en la Pampa 1740 -1820; Biblos; Buenos Aires, 1995; pág. 147/150.
Seleccionado por el equipo Ventura del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Reglamento para la educación para los libertos dado el 2 de febrero de 1813 1º
Para que no pueda cometerse el menor fraude en este particular, deberá ordenarse a todos los párrocos que pasen mensualmente al Intendente de Policía, o juez respectivo de este ramo, y en los lugares o pueblos de campaña a las justicias ordinarias, una razón de los niños de castas, que hayan bautizado. . 2º Las cabeza de familias, en cuya casa naciere algún niño de esta clase, deberán en las ciudades pasar una noticia circunstanciada dentro de tercero día, a lo más de su nacimiento, al alcalde respectivo de su cuartel, quien deberá dar cuenta cada mea al Intendente de Policía, o juez... 5º Cuando se hubiere de vender una esclava que tenga un hijo liberto, deberá pasar con. él a poder del nuevo amo, si el liberto no hubiese cumplido aún los dos años; pero pasado este tiempo, será a voluntad del vendedor el quedarse con él, o traspasarlo al comprador junto con la esclava. 7º Todos los niños de castas, que nacen libres, deberán permanecer en casa de sus patronos hasta la edad de veinte años... 8° Los libertos servirán gratis a sus patronos hasta la edad de 15 años, y en los cinco restantes se les abonará un peso cada mes por su servicio, siendo de cuenta de sus patronos la demás asistencia... 10º Se creará una tesorería con el nombre de Tesorería Filantrópica, y en ésta serán percibidos los salarios mensuales de todos los libertos. 11° El destino, o profesión que hayan de tener los libertos cumplidos los 20 años será del arbitrio o elección de ellos mismos; cuidando el Intendente de Policía que no vaguen en perjuicio del Estado. 12º Cumpliendo el liberto los 20 años de su edad, deberá desde el mismo día ser emancipado de su patrono, y darse cuenta a 1a Policía. 13º A cada liberto varón que prefiriere la labranza, se le darán por el Estado cuatro cuadras de terreno en propiedad.
Fuente: Meroni, Graciela. La historia en mis documentos 2. Desde la Revolución de mayo hasta el triunfo federal de 1831. Editorial Crea. Buenos Aires, septiembre de 1981. Pág. 62
Seleccionado por el equipo Prudencio Bampala del Certamen Revolución de Mayo - 1999
Vida cotidiana

En Buenos Aires, como en el interior del virreinato, el trabajo doméstico estuvo a cargo de esclavos. En la ciudad viven con sus amos en la misma casa, ocupando el tercer patio, lejos de las habitaciones principales. Allí crecen los muleques * en compañía de los hijos de sus amos. Las negras acompañan a las amas a misa, cocinan, lavan la ropa, realizan costuras y otros trabajos similares. En algunos casos, cuando la familia no dispone de suficientes entradas, salen a vender pasteles y confituras para solventar los gastos de sus dueños. Acompañan a los niños en sus juegos, y los cuidan hasta los cinco o seis años. Dadas las escasas condiciones de higiene, la falta de cuidados en el parto y abandono en que los sumen sus amos, la mortalidad infantil era elevada. A partir del siglo XVII, quienes disponen de cierto capital invierten con frecuencia dinero en la adquisición de mano de obra esclava para alquilarla recibiendo de esta manera una renta, que es mayor si el negro tiene algún oficio; de allí el interés por enseñárselo. Los beneficios derivados de este alquiler debieron ser sustanciales, porque a fines del siglo XVIII los contratos de trabajo aumentan en forma importante. Comerciantes, funcionarios y hacendados constituyen los principales propietarios de esclavos entre la población civil y quienes se dedican con mayor frecuencia a alquilar sus sirvientes. Por lo expuesto, resulta difícil estipular, tomando por ejemplo las cifras del padrón de 1778, qué porcentaje de esclavos se dedica a tareas domésticas o a trabajos fuera de la casa de sus amos. El sistema debió extenderse en exceso pues durante el transcurso de las dos últimas décadas del siglo XVIII, informes oficiales, reales cédulas y comentarios periodísticos determinan! la presencia de un movimiento de opinión que desea el alejamiento de los esclavos y personas de color en general, de las actividades artesanales, tareas a las que están dedicados muchos negros. Sostienen que los españoles (criollos o peninsulares) no realizan trabajos manuales debido a la infamia que constituye para el os el contacto con las castas consideradas inferiores. "El deseo de mantener en pie y sin trabajar - escriben en 1806- un pequeño capital, ha sugerido la idea de emplearlo con preferencia en comprar esclavos y destinarlos a los oficios, para que con su trabajo recuperen algo más que el interés del fondo invertido en esta especulación; por semejante medio se han colmado de estas gentes mercenarias todas las tiendas públicas, y han retraído por consiguiente los justos deseos de los ciudadanos pobres de aplicar a sus hijos a este género de industria". Ya hemos señalado que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, aumenta el número de pobladores marginados que sin ser negros, indígenas o mulatos no poseen medios de subsistencia, ni están en condiciones de obtener cargos públicos. Estos "blancos de orillas" constituyen un problema para las autoridades y más aun dentro de un ámbito donde existe un fuerte prejuicio frente a los trabajos manuales. Prejuicio que debemos sumar al racial. "Los blancos prefieren la miseria y la holgazanería antes de ir al trabajo al lado de negros y mulatos" escribe Manuel Belgrano en una de sus memorias al Real Consulado. * Negro entre siete y diez años. * Disponemos de escasos informes posteriores a 1810, y suponemos que el porcentaje sería similar a los que se desprenden de las series estadísticas posteriores. Entre 1813 y 1815, de 2003 nacimientos de niños cuyas madres son esclavas, sobrevivirán al parto solo 1253 (37 % de muertes). Y dentro del límite de las probabilidades, teniendo en cuenta la mencionada cifra, podemos sostener que las muertes al año de vida alcanzarían a un 50 %.
Fuente: Rodriguez Molas, Ricardo, El negro en el Río de La Plata, Historia Integral Argentina, Tomo I, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1975, pág. 49-50.
Seleccionado por el equipo Sabás Nicomedes del Certamen Revolución de Mayo - 1999

 

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